La premisa básica sobre las mujeres es que nacemos para ser cogidas. Eso es todo. Ahora bien, eso significa muchas cosas. Por muchos años significó que el matrimonio era total propiedad del cuerpo de una mujer y el acto sexual era un derecho de matrimonio. Eso significó que el coito era por si mismo un acto de fuerza, porque el poder del estado pedía a la mujer aceptar el acto sexual. Ella pertenecía al hombre. El vestigio cultural de esto es que en nuestra sociedad, los hombres experimentan el acto sexual como posesión de las mujeres. La cultura habla sobre el sexo como una conquista- las mujeres se entregan, las mujeres son tomadas. Esto es un paradigma para la violación, no un paradigma para la reciprocidad, la igualdad, la mutualidad, o la libertad. Cuando la premisa es que las mujeres existen en la Tierra con el fin de estar sexualmente disponibles para los hombres para el sexo, significa que nuestros mismísimos cuerpos son vistos como si tuvieran límites que tienen menos integridad que los cuerpos de los hombres. Los hombres tienen orificios; los hombres pueden ser penetrados. El objetivo de la homofobia es dirigir a los hombres hacia las mujeres, castigar a los hombres por no usar mujeres. La homofobia es un reconocimiento de cuan agresivos y cuan peligrosos los hombres saben que la sexualidad masculina puede ser para las mujeres. Cuando una mujer entra a una corte y dice, "He sido violada," el juez, el abogado defensor, la prensa, y muchas otras personas dicen: no, tuviste sexo. Y ella dice, "No, fui violada." Y ellos dicen que un poco de forcejeo esta bien. Aún es cierto. No ha cambiado. Cuando observas la dominación masculina como un sistema social, lo que ves es que está organizada para asegurarse que las mujeres estén sexualmente disponibles para los hombres. Esa es su premisa básica. Tenemos una opción, y la opción no está en los libros de ciencia política. Las universidad no intentan solucionar este nivel de elección por nosotros. La cuestión es, ¿Qué viene primero, la necesidad de los hombres de coger o la dignidad de las mujeres? Y les cuento que no pueden separar los así llamados abusos de las mujeres de los así llamados usos normales de las mujeres. La historia de las mujeres en el mundo como mercancía sexual hace que sea imposible.
Andrea Dworkin, Life and Death: Unapologetic Writings on the Continuing War Against Women
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