jueves, 20 de septiembre de 2018
Desde la casa del padre a la casa del marido a una tumba que pueda que aún no sea propia, una mujer consiente a la autoridad masculina con el fin de obtener protección de la violencia masculina. Se conforma, a fin de estar tan segura como sea posible. A veces es una conformidad letárgica, en cual caso las demandas masculinas lentamente la rodean, como si fuera un personaje enterrado vivo en una historia de Edgar Allan Poe. A veces es una conformidad militante. Se salvará a si misma demostrando que es leal, obediente, útil, incluso fanática en el servicio de los hombres a su alrededor. Ella es la prostituta feliz, la ama de casa feliz, la cristiana ejemplar, la académica pura, la camarada perfecta, la terrorista por excelencia. Cualquiera sean los valores, los encarnara con fidelidad perfecta. Los hombres raramente sostienen su parte del trato como ella lo entiende: protección de la violencia masculina contra su persona. Pero la militante conformista ha dado tanto de si misma - su trabajo, corazón, alma, con frecuencia su cuerpo, a menudo niños - que esta traición es semejante a cerrar el cajón con clavos; al cadáver ya no le importa nada.
— Andrea Dworkin, Right Wing Women
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