martes, 3 de febrero de 2015

No hables con tu hija sobre su cuerpo


No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona. No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si crees que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. He aquí algunas cosas que puedes decirle en su lugar:
"¡Te ves muy saludable!", es una muy buena opción.
¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”?. O: “Se nota que feliz eres: brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.
Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.
No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.
Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.
Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.
Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.
Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.

Recuérdale a tu hija que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.

-Texto: Educación Montessori (vía Noe Alegre) 

Nunca le haría algo así a ella



Cuando un cliente mio me dice que se volvió abusivo porque perdió el control de si mismo, le pregunto porque no hizo algo aun peor. Por ejemplo, le diría, "La llamaste una maldita perra, le sacaste el teléfono de la mano y lo lanzaste a través del cuarto, y luego le diste un empujón y cayó al piso. Ahí estaba ella a tus pies, donde podría haber sido fácil patearla en la cabeza. Ahora, acabas de terminar de decirme que estabas 'totalmente fuera de control' en ese momento, pero no la pateaste. Que te detuvo?". Y el cliente siempre puede darme una razón. Aquí hay algunas explicaciones comunes:
"No quisiera causarle una herida grave"
"Me di cuenta que uno de los niños estaba observando"
"Tenía miedo que alguien llamase a la policía"
"La podría matar si hiciera eso"
"La pelea se estaba volviendo muy ruidosa, y tenía miedo que los vecinos escuchen"
Y la respuesta más frecuente de todas:
"Dios, no haría eso. Nunca le haría algo así a ella"
La respuesta que casi nunca escuche -recuerdo haberla escuchado dos veces en quince años- era: "No lo se"

Esta respuestas ya listas despojan la capa sobre la excusa de perdida de control de mis clientes. Mientras un hombre esta en un ataque abusivo, verbal o físicamente, su mente mantiene conciencia de un numero de preguntas: "Estoy haciendo algo que otras personas pueden descubrir, podría hacerme ver mal? Estoy haciendo algo que podría meter en problemas legales? Podría lastimarme a mi mismo? Estoy haciendo algo que yo mismo considero demasiado cruel, grosero o violento?"

Una visión critica se filtró en mi al trabajar con mi primera docena de clientes: Un abusador casi nunca hace algo que él mismo considera moralmente inaceptable. Podrá ocultar lo que hace porque piensa que otras personas podrían no estar de acuerdo, pero se siente justificado por dentro. No puedo recordar jamás a un cliente haberme dicho: "No hay forma de que pueda defender lo que hice. Fue totalmente incorrecto". Invariablemente tiene una razón que considera lo suficiente buena. En resumen, el problema fundamental de un abusador es que tiene un sentido distorsionado de lo que esta bien y lo que esta mal. 
— Why Does He Do That?: Inside the Minds of Angry and Controlling Men by Lundy Bancroft

lunes, 2 de febrero de 2015

El recurso más preciado del capitalismo


En Purbalingga, Java Central (Indonesia), numerosos pequeños talleres representan el primer paso en una cadena global de suministros. Casi todos los trabajadores son mujeres, todas ellas ganándose la vida a arañazos midiendo y cortando pelo artificial a la medida requerida para las pestañas postizas, y luego tejiéndolo sobre un fino hilo de plástico. El trabajo requiere concentración intensa, a menudo dejando a las trabajadoras con ojos irritados y espaldas doloridas. Su remuneración financiera por tan monótono trabajo es de alrededor de US$0,04 por par, a veces menos. Para cuando el producto llega a los consumidores occidentales, el precio que pagan alcanzó US$10 un par -un incremento del 2.400%. (Fuente

La mayoría del trabajo explotado del mundo viene de las mujeres. Las mujeres trabajan en los talleres clandestinos y las gigantes fabricas. Las mujeres siembran y se ocupan y cosechan los cultivos del mundo. Las mujeres cargan y dan a luz y crían niños. Las mujeres lavan y limpian y compran y cocinan. Las mujeres cuidan de los enfermos y de los ancianos. Todo esto- capa sobre capa de trabajo- es lo que hace a la sociedad humana posible. Sacar provecho en base a eso es lo que hace al capitalismo posible.

La prioridad de la fuerza laboral de las mujeres es generalmente eliminada del dialogo político, pero es un hecho lejos de disputa. Más de la mitad de las mujeres del mundo tienen trabajos formales. (En algunos países en Asia y Latinoamerica, el porcentaje esta por encima del 60%). Encima de esto, las mujeres predominan en millones de trabajos "en negro" ilegales o semi-legales, donde son generalmente explotadas mucho. Mientras tanto, un 70% del trabajo de las mujeres, valuado en decenas de trillones de dolares por año, no es remunerado completamente. La mayoría de las mujeres del mundo tienen un promedio de 31-42 horas por semana en tareas domesticas únicamente. Las mujeres "realizan 2/3 del trabajo del mundo, reciben 10% de los ingresos del mundo, y poseen 1% de los medios de producción".

A través de la historias, grupos y clases de hombres han luchado por sobre el precioso recurso que la fuerza de trabajo de las mujeres. Todas las mujeres, pero especialmente las mujeres de clase trabajadora, quienes constituyen el recurso más valioso de riqueza en el mundo. Cientos de millones de estas mujeres, el núcleo y la mayoría de la clase trabajadora, carecen de alguna propiedad privada o privilegio social. No tienen posesión, reclamo o control sobre los medios de producción. Esto las separa del estrato superior de los trabajores asalariados- aristócratas del trabajo y sectores privilegiados subsidiados a partir de las ganancias capitalistas.

En lugar de eso, pertenecen a las capas "más bajas y más profundas" de la clase trabajadora, obligadas a ofrecen su trabajo para ser explotado dentro del capitalismo para pura supervivencia. Esta parte de la clase trabajadora se posiciona como la fuerza de trabajo principal de capitalismo e, históricamente, su directo antagonista. Muchas de estas mujeres de clase trabajadora reciben salarios, muchas no. Pocas son remuneradas por todo su trabajo. Muchas estan desamparadas y economicamente vulnerables. Trabajan bajo extrema coerción- enfrentando no solo la amenaza del hambre, pero también la dependencia, esclavitud y la violencia masculina respaldada por la tradición, la estructura familiar y la ley. Su trabajo y experiencia de vida-y su posición social- es a menudo substancialmente diferente de aquella de incluso hombres en sus propias familias.

La multifacetica lucha para poseer, controlar y explotar esta fantasticamente rentable fuerza de trabajo se expresa en muchos niveles y en muchas formas: migraciones, guerras, genocidio, movimientos culturas, rebeliones populistas, cambios en la estructura familiar, colonialismo, alianzas geopoliticas cambiantes, el ascenso y la caida de los gobiernos. Hoy en día, las mujeres en el centro de la clase trabajadora mundial estan pasando por cambios dramaticos y fundamentales en sus vidas de trabajo y sociales. El capitalismo, entrando en una nueva fase de desarrollo, esta rehaciendo la clase trabajadora. Aquí es cuando nuevas politicas revolucionarias deben empezar.