lunes, 20 de marzo de 2017

La quema de brujas no tomo lugar durante "La Edad Oscura", como comúnmente suponemos. Ocurrieron entre los siglos XV y XVIII- precisamente durante y después del Renacimiento, ese glorioso periodo cuando, como nos enseñan, las mentes de los "hombres" eran liberadas de la desolación y la superstición. Mientras Michelangelo estaba esculpiendo y Shakespeare escribiendo, las brujas se estaban quemando. Toda la secular "Ilustración", de hecho, las profesiones masculinas de doctor, abogado, juez, artista, todo elevó de las cenizas de la destruida cultura de las mujeres. Los hombres del Renacimiento estaban celebrando la belleza femenina desnuda con su arte, mientras los cuerpos de las mujeres estaban siendo torturados y quemados por los cientos de miles todo al alrededor de ellos. 

Monica Sjoo & Barbara Mor, The Great Cosmic Mother: Rediscovering the Religion of the Earth

domingo, 19 de marzo de 2017

La pasividad no sirve

Métete esto en la cabeza: si la violencia fuera solo una cosa del futuro, si la explotación y la opresión nunca existiese en la Tierra, quizás demostraciones de no violencia podrían aliviar el conflicto. Pero si el régimen entero, incluso tus pensamientos no violentos, están gobernados por una opresión milenaria, tu pasividad sirve ningún otro propósito más que ponerte del lado de los opresores. 

Jean-Paul Sartre, prefacio a The Wretched of the Earth por Franz Fanon.

martes, 7 de marzo de 2017

Un día sin mujeres




Imaginen que de un momento a otro desaparecen todas las mujeres: el mundo, como lo conocemos hoy, colapsaría. Y no porque los hombres sean del todo inútiles o las mujeres imprescindibles, sino porque es el trabajo invisible de las mujeres lo que sostiene la economía en todas las sociedades humanas.

Lo primero que causaría el gran colapso es la división por género del trabajo. Las mujeres hacemos casi todos los trabajos de cuidado y crianza, somos las profesoras, las enfermeras, las secretarias, todos campos mal pagados y poco apreciados, pero sin los cuales no funcionarían ni las empresas, ni los hospitales, ni los colegios. Claro, habría médicos (cuyos pacientes morirían en el quirófano porque nadie desinfectó la mesa ni les pasó el bisturí) y jefes (que no tendrían ni idea de cómo funciona la oficina en realidad) y ni hablar de los bebés y los ancianos, que no durarían vivos más de dos días sin profesoras y enfermeras. También está el trabajo doméstico, que casi en su totalidad, en el mundo, está realizado por mujeres (usualmente de bajos recursos) y sin el cual nuestras vidas y rutinas laborales sencillamente no funcionan. No hay mujer exitosa (ni hombre) que no haya construido esos éxitos desde el privilegio de poder delegar en otra mujer (empleada, madre, abuela) el funcionamiento de un hogar.

Pero incluso las mujeres que pueden pagar por estos oficios dedican, en promedio, 30 horas más a la semana que los hombres al trabajo doméstico. Mientras tanto, ellos duermen, descansan y hasta ven televisión. En México, que es un país bastante similar a Colombia, según datos del INEGI, las mujeres trabajan en total 20,6 % más horas que los hombres, si se contabiliza el trabajo realizado dentro y fuera del hogar. Además, las mujeres dedicamos el 65 % de nuestro tiempo a labores no remuneradas en el hogar, que no incluyen prestaciones, ni reconocimiento ni protección. Y a esto se suma el trabajo reproductivo (un embarazo también es trabajo, y en el parto muchas mujeres arriesgan su vida, aunque los héroes de las naciones sigan siendo los soldados). Se suma el trabajo emocional de escuchar y consolar a todas las personas (pero especialmente los hombres) a nuestro alrededor. Algo por lo que un psicólogo cobra, por hora.

Si les dijéramos a los hombres que van a trabajar 30 horas diarias a la semana sin que esto se vea remunerado y que les vamos a pagar con besos y abrazos, serenatas y dándoles las gracias, se reirían en nuestra cara. Nos dirían: ¡es esclavitud! Y tendrían razón. Lo es. Y doblemente cruel, pues es una forma de esclavitud de la que las mujeres no pueden renegar pues supuestamente es “su lugar natural” (como cuando decían que los esclavos negros estaban hechos para los trabajos pesados porque “son más fuertes”) y porque se nos tacha de malvadas o malagradecidas si no hacemos de buena gana y con perfecta abnegación todos estos trabajos que se invisibilizan económicamente con el cuento del amor.

Nuestros derechos sociales y políticos no pueden disfrutarse si no tenemos derechos económicos. Gloria Steinem dice que la actividad económica internacional es como ese mito del mundo y la tortuga: el mundo entero se sostiene sobre la caparazón de una tortuga sin ser consciente de su existencia. Las mujeres somos esa tortuga, sosteniendo el mundo con una actividad económica invisibilizada y usualmente sintiendo culpa por no poder cargar más peso. La figura sirve para mostrar que las mujeres, históricamente y alrededor del mundo, hemos estado en una situación de esclavitud, pero que además nos han hecho creer que esa esclavitud es nuestro lugar en el mundo y que, además, nos tiene que gustar. Si vamos a hablar de acabar con la desigualdad, empecemos por destapar esa esclavitud, velada, subrepticia, endulzada con miel en la que viven la mayoría de las mujeres en el mundo. La esclavitud invisible que aún no somos capaces de abolir.


Catalina Ruiz-Navarro - 8 de marzo: ¡Nosotras paramos! (El Espectador - 22 de Febrero de 2017)

Portate bien

“Portate bien morocha”, me dijo un taxista una vez.

Portate bien mujer, adolescente y niña.


Portate bien: No viajes sola, no te pongas un short aunque hagan 40 grados de calor, compra gas pimienta, no camines sola a la noche o a la siesta, no hables con desconocidos. ¡No te compres una pollera! No por favor, no lo hagas.

No beses, no muestres tus curvas, acepta que tu novio o tu amigo paguen tus cuentas, que te cuiden, que te protejan siempre.

Portate bien mujer porque si te “portas mal” buscas tu muerte.

Si te portas mal, morocha o rubia, te van a violar, y va a ser tu culpa por no cuidarte, por no tener miedo.

Nos portemos bien: no tomemos alcohol, no viajemos solas, tengamos a nuestras hijas, hermanas y amigas siempre armadas con gas pimienta por las dudas.

Justifiquemos lo injustificable: compremos las bolsas negras nosotras para ahorrarles el trabajo a los hombres, porque en el fondo nos lo merecemos… Nos portamos mal.

Yo soy las mendocinas. Yo soy las francesas que murieron en salta. Yo soy Lola Chomnalez. Yo soy Candela Sol Rodriguez. Yo soy Angeles Rawson. Yo soy Chiara Paez.

Yo soy mujer, y nací libre de portarme mal o bien.

Yo soy mujer y quiero caminar sin miedo, quiero que mis amigas dejen el gas pimienta, quiero que me digan que me saque un 10 por mi inteligencia y no por ser mujer.

Yo soy mujer y quiero viajar sola sin que mis padres sufran por mi decisión.

Yo soy mujer y no por ello débil.

Yo soy mujer y mato ratas, víboras y arañas.

Yo soy mujer y no me gusta cocinar, mi lugar no es la cocina. 

Yo soy mujer y, si quiero, me voy a portar mal.

Catalina Bonacossa, Punto de vista: "Portate bien morocha" (La Voz, 29 de Febrero de 2016)

Disculpame

Hola, solo quería hacerte saber que no voy a

  • sonreir
  • hacerme la tonta
  • ocultar mi cuerpo
  • pretender
  • mentir
  • ser callada

por ti. Y que todo lo que hago lo hago por mi y ya no voy a dejar que te rías de mi, te burles de mi, me acoses, me abuses, o me violes. Porque soy una chica y yo y mis amigas no te tenemos miedo!

-Ann Carroll

Preguntas que los hombres nunca se hacen

Si gasto dinero y tiempo en mi apariencia, ¿pensarán que soy vanidosa y superficial? Si no me arreglo, ¿pensarán que soy vaga o que estoy depresiva?
Si le sonrio a las personas, ¿interpretarán mi simpatía como un coqueteo? Si no sonrio, ¿me dirán que me relaje un poco?
Si llevo puesto algo que expone mi piel, ¿seré victima de acoso callejero o violación? Si llevo ropa modesta, ¿se burlarán de mi por parecer frígida y anticuada?
Si llevo puesta ropa sexy y disfruto de una fiesta, ¿me acusarán de provocar acoso sexual y/o un ataque? 
Si un hombre en quien confiaba me abusa, ¿me llamarán ingenua y tonta? Si no confio en los hombres, ¿me llamarán amargada y exagerada?
Si tengo sexo frecuentemente con diferentes personas, ¿pensarán todos que soy una puta? Si no tengo sexo, ¿pensarán que soy aburrida e infantil?
Si el condón se rompe o las pastillas fallan, ¿quedaré embarazada? Si es así, ¿tendré que abandonar mis estudios o mi trabajo? ¿qué tan peligroso o costoso será abortar? ¿cuanto más costoso será tener un hijo? ¿qué sucederá si el padre nos abandona?
Si me pongo fastidiosa o sensible en el trabajo/escuela, ¿me preguntarán si estoy "en esos días"?
Si me equivoco en mi trabajo, ¿lo tomará la gente como un signo de que las personas de mi sexo no deberían estar haciendo este tipo de trabajo?
Si me ascienden, ¿dirá la gente que me acosté con alguien para lograrlo?
Si quiero tener una familia, ¿tendré que sacrificar mi carrera? Si no quiero tener familia, ¿asumirá la gente que estoy mal de la cabeza?

miércoles, 1 de marzo de 2017


Con las mujeres que me rodean no compito.
Las admiro. 
Las defiendo.
Las escucho.
Las cuido.
Las apoyo.
Las entiendo.
Aprendo de ellas.
Crecemos juntas.
Cada una está luchando una batalla personal que nos une haciéndonos más fuertes.
No estamos corriendo una carrera.
Si alguna se queda atrás, paramos para darle la mano.
Eso, simplemente, es ser feminista.