martes, 29 de diciembre de 2015

Un demonio que convierte tu cabeza en su hogar



Los trastornos alimenticios no son saltearse unas comidas o bajar 10 kilos en un mes. Los trastornos alimenticios no son algo que pedís como acompañamiento mientras disfrutas del resto de tu vida. Se convierten en tu vida. Infectan cada aspecto de tu existencia en formas de las que nunca te habías dado cuenta hasta que te ocurre. Un trastorno alimenticio es silenciosamente odiar a tus padres cuando te traen a casa comida que solías amar y es olvidarte como preparar comidas correctamente para otros, porque no comes hace mucho tiempo. Es terminar de alguna manera en una web sobre dietas, pasando página tras página a las 2 de la madrugada. Es matar el tiempo hasta que se te permita comer de nuevo cada día. Es llegar a la conclusión de que tenés que perder un kilo y medio cada vez que surge un problema. Es atrasar planes con gente que no ves hace mucho tiempo porque no perdiste suficiente peso desde la última vez que los viste. Son números, números, números nadando en tu mente a toda hora, todos los días. Son lo primero que pensás en la mañana y lo último antes de quedarte dormida. Es odiarte a vos misma porque no te despertaste con hambre y es sentirte como un fracaso porque tu mamá te dice que estas sana. Es que la diferencia entre un buen día y un día horrible sean unas pocas calorías. Son baños que huelen a vomito, una perdida de propósito, y dignidad. Es un vacío, un odio propio incapacitante, y vergüenza. No es ni glamoroso ni trágicamente bello, es un demonio que convierte tu cabeza en su hogar. 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario