Las mujeres, como cualquier clase oprimidas, aprenden a temer su propia furia. Nuestra ira es legítimamente terrorífica. Sabemos que si se sale, podríamos ser lastimadas, o peor, abandonadas. Una buena prueba de privilegio social es [medir] cuanta ira puedes expresar sin ser amenzada de expulsión, arresto, o exclusión social, y así nos tragamos a la fuerza nuestra ira como comida podrida hasta que se infecta y nos enferma.
— Unspeakable things by Laurie Penny
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